Familia: nuestro gran tesoro
La familia es el primer grupo al que pertenecemos; son nuestros primeros maestros, aquellas personas que nos aman aún antes de conocernos y a los que amamos incondicionalmente aun conociendo todos sus defectos.
Somos el reflejo de nuestros padres, abuelos, hermanos, pareja e hijos. Ser familia va mucho más allá de compartir la genética: implica compartir la vida, el amor, las alegrías, tristezas y frustraciones.
Pero el mundo cada vez está más individualizado y le hemos restado importancia al amor, convirtiéndonos día tras día en seres solitarios y poco interesados en fortalecer nuestras raíces. Es por ello que hoy invitamos a la reflexión para analizar nuestra vida en relación a este aspecto.
¿Realmente estamos viviendo en un hogar o simplemente estamos compartiendo una casa?
Recordemos que cualquier aspecto material (dinero, tecnología, bienes y/o propiedades) es recuperable, sin embargo, el tiempo que compartimos con los que amamos no vuelve, debemos valorar y atesorar cada instante que la vida nos permite disfrutar con ellos y crear hábitos que ayuden a fortalecer los lazos existentes, el respeto, la lealtad y la confianza que debe abrazar todos y cada uno de los hogares.
Alex Haley dijo: “En todas las maneras concebibles, la familia es un vínculo con nuestro pasado y nuestro puente hacia el futuro.” Es decir, es la fuente que nos recuerda quienes somos, de dónde venimos y para dónde vamos, aquello que nos impulsa a construir el futuro que queremos tener y el camino que queremos recorrer en adelante, recordándonos todos los días fortalecernos como núcleo en la tolerancia, la comunicación, la comprensión, la paciencia y sobre todo el perdón.
Entonces, vivamos la experiencia de encontrarnos con nosotros mismos a través de nuestra historia familiar. Es momento de repartir abrazos, besos, mimos y cuidados envueltos en dulzura cariño y complicidad, es momento de perdonar y de pedir perdón, es momento de agradecer la fortuna de tener en nuestras vidas ese valioso tesoro.
Mónica Isabel Cantor Silva
PSICÓLOGA DE APOYO AL DUELO
Pero el mundo cada vez está más individualizado y le hemos restado importancia al amor, convirtiéndonos día tras día en seres solitarios y poco interesados en fortalecer nuestras raíces. Es por ello que hoy invitamos a la reflexión para analizar nuestra vida en relación a este aspecto.
¿Realmente estamos viviendo en un hogar o simplemente estamos compartiendo una casa?
Recordemos que cualquier aspecto material (dinero, tecnología, bienes y/o propiedades) es recuperable, sin embargo, el tiempo que compartimos con los que amamos no vuelve, debemos valorar y atesorar cada instante que la vida nos permite disfrutar con ellos y crear hábitos que ayuden a fortalecer los lazos existentes, el respeto, la lealtad y la confianza que debe abrazar todos y cada uno de los hogares.
Alex Haley dijo: “En todas las maneras concebibles, la familia es un vínculo con nuestro pasado y nuestro puente hacia el futuro.” Es decir, es la fuente que nos recuerda quienes somos, de dónde venimos y para dónde vamos, aquello que nos impulsa a construir el futuro que queremos tener y el camino que queremos recorrer en adelante, recordándonos todos los días fortalecernos como núcleo en la tolerancia, la comunicación, la comprensión, la paciencia y sobre todo el perdón.
Entonces, vivamos la experiencia de encontrarnos con nosotros mismos a través de nuestra historia familiar. Es momento de repartir abrazos, besos, mimos y cuidados envueltos en dulzura cariño y complicidad, es momento de perdonar y de pedir perdón, es momento de agradecer la fortuna de tener en nuestras vidas ese valioso tesoro.
Mónica Isabel Cantor Silva
PSICÓLOGA DE APOYO AL DUELO
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